Estamos en Uganda, más precisamente en Namugongo, un pueblo situado a pocos kilómetros de la capital Kampala. Aquí los niños son las primeras víctimas de la pobreza: desnutridos y enfermizos, a menudo no pueden frecuentar regularmente las clases porque la cuota es muy costosa. Además, la escuela primaria más cercana está a 2 kilómetros, una distancia enorme para niños tan pequeños, que en la gran mayoría de los casos terminan desperdiciando su infancia y su juventud en la calle, transformándose en víctimas de la droga y la criminalidad.